Modelos autoinmunes
La evidencia acumulada en las últimas décadas sugiere que el sistema inmunológico puede desempeñar un papel significativo en la etiología de ciertos trastornos mentales, incluido el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). La inmuno-psiquiatría –también denominada psiconeuroinmunología– estudia la interacción entre los procesos inmunológicos y la función cerebral, explorando cómo la activación inmunitaria anómala (por ejemplo, una respuesta inflamatoria crónica o autoimunitaria) podría contribuir a síntomas neuropsiquiátricos.
En esta sección se revisa una hipótesis de investigación: que mecanismos inmunitarios o inflamatorios contribuyan a los síntomas de una minoría de personas con TOC. Las asociaciones poblacionales, los biomarcadores experimentales y algunas series clínicas no demuestran por sí solos causalidad ni definen un subtipo diagnóstico validado. También se examinan PANS y PANDAS, síndromes pediátricos de inicio agudo cuya etiología, evaluación y tratamiento siguen siendo objeto de debate y estudio. El informe clínico más reciente de la American Academy of Pediatrics reconoce que PANS probablemente describe un síndrome válido, pero subraya que no se ha confirmado un biomarcador ni una causa autoinmune única (American Academy of Pediatrics, 2025).
Inmuno-psiquiatría
Inmunidad, inflamación y TOC
La inmuno-psiquiatría estudia cómo la respuesta inmunitaria, el sistema nervioso y la conducta se influyen mutuamente. En el TOC se han investigado citocinas, autoanticuerpos, activación microglial y comorbilidad con enfermedades autoinmunes. Algunas muestras muestran diferencias grupales frente a controles; otras no las replican o pierden significación al considerar edad, infección reciente, estrés, sueño, índice de masa corporal y medicación. Por eso, hablar de una señal inmunitaria asociada es más exacto que afirmar que existe inflamación cerebral en toda persona con TOC (Gerentes et al., 2019).
Una asociación tampoco establece la dirección del efecto. El TOC grave puede alterar sueño, alimentación, actividad física y estrés fisiológico; las enfermedades autoinmunes pueden producir síntomas psiquiátricos por múltiples mecanismos; y ciertos factores genéticos o ambientales pueden aumentar la probabilidad de ambos fenómenos. Los estudios poblacionales que encuentran más diagnósticos autoinmunes entre personas con TOC son valiosos para generar hipótesis, pero no permiten concluir que la autoimunidad haya causado los síntomas de un paciente particular (Endres et al., 2022).
Cuándo considerar una causa médica secundaria
La posibilidad de una causa médica adquiere mayor relevancia cuando la presentación es marcadamente atípica: comienzo hiperagudo, alteración fluctuante de conciencia, convulsiones, fiebre persistente, deterioro cognitivo rápido, catatonía, déficit neurológico focal, disfunción autonómica intensa o movimientos compatibles con corea. Estas señales no diagnostican un “TOC autoinmune”; indican que se debe ampliar el diagnóstico diferencial y valorar, según el caso, infección, epilepsia, toxicidad, enfermedad metabólica, lupus, encefalitis autoinmune u otra condición neurológica. La evaluación debe guiarse por la historia y el examen, no por paneles indiscriminados (Endres et al., 2022).
La resistencia a un ISRS o a una terapia de exposición con prevención de respuesta no es, por sí sola, una bandera autoinmune. Antes de atribuirla a otra etiología conviene comprobar el diagnóstico, la dosis y duración del ensayo, la calidad de la exposición, la presencia de compulsiones mentales, la acomodación familiar, las comorbilidades y las barreras de adherencia. Una hipótesis médica debe explicar mejor el conjunto de hallazgos, no sólo llenar el vacío que deja una respuesta terapéutica incompleta.
Biomarcadores, causalidad y límites de la evidencia
Se han descrito anticuerpos contra estructuras de los ganglios basales y otros marcadores experimentales en algunos grupos con síntomas obsesivo-compulsivos. Sin embargo, su reproducibilidad, especificidad clínica y relación causal siguen sin estar establecidas. Un resultado positivo puede aparecer en personas sin el síndrome investigado y uno negativo no lo excluye. En particular, la American Academy of Pediatrics advierte que el llamado Cunningham Panel presenta baja especificidad y no recomienda utilizarlo para confirmar PANS (American Academy of Pediatrics, 2025).
La mejoría después de corticoides, inmunoglobulina intravenosa, plasmaféresis o rituximab en una serie no controlada tampoco prueba que la autoinmunidad haya causado el TOC. Pueden coexistir tratamiento psiquiátrico, evolución espontánea, regresión a la media y selección de casos. Las observaciones son útiles para diseñar ensayos, pero no permiten trasladar porcentajes de respuesta a la consulta habitual (Vreeland et al., 2023).
Implicaciones clínicas prudentes
En la práctica, la gran mayoría de las personas con TOC debe recibir evaluación y tratamientos basados en evidencia para TOC. Los estudios inmunitarios se reservan para preguntas clínicas concretas surgidas de la historia o del examen. Corticoides, inmunoglobulina, plasmaféresis y fármacos inmunosupresores tienen riesgos relevantes y no constituyen tratamiento rutinario del TOC. Su uso exige una indicación médica reconocida o una situación excepcional evaluada por especialistas; la sola presencia de TOC grave o refractario no es suficiente.
El valor actual del modelo inmunitario es, por tanto, delimitado pero real: recuerda que un síndrome obsesivo-compulsivo puede ser secundario a otra enfermedad, promueve investigación mecanística y evita una división artificial entre cerebro y cuerpo. Su límite es igualmente importante: todavía no ofrece una prueba diagnóstica ni una terapia inmunológica validada para el TOC primario. Mantener ambas ideas protege frente a dos errores opuestos, ignorar signos médicos genuinos y medicalizar con pruebas o tratamientos de baja especificidad.
TOC de inicio agudo: PANS y PANDAS
Qué describen PANS y PANDAS
PANS (Pediatric Acute-onset Neuropsychiatric Syndrome) es un síndrome clínico propuesto para niños y adolescentes que presentan un inicio extremadamente abrupto de TOC o una restricción alimentaria grave, acompañado por la aparición igualmente rápida de síntomas en otros dominios. PANDAS es un concepto anterior y más estrecho que exige, además, una relación temporal con infección por estreptococo betahemolítico del grupo A y un comienzo prepuberal. Ninguno de los dos términos significa automáticamente “encefalitis”, “daño cerebral” ni enfermedad autoinmune demostrada (American Academy of Pediatrics, 2025).
El rasgo nuclear no es sólo la gravedad, sino la velocidad del cambio: familias y profesionales pueden identificar un deterioro dramático en cuestión de días. Junto al TOC o la restricción alimentaria pueden aparecer ansiedad de separación, labilidad emocional o depresión, irritabilidad, regresión conductual, caída repentina del rendimiento escolar, alteraciones sensoriales o motoras, problemas del sueño y síntomas urinarios. El informe clínico de la American Academy of Pediatrics de 2025 considera que PANS probablemente representa un síndrome válido, al mismo tiempo que reconoce importantes vacíos sobre causas, frecuencia, pruebas y tratamiento (American Academy of Pediatrics, 2025).
El inicio agudo merece atención pronta, pero no autoriza a atribuir de antemano el cuadro a una infección. El TOC primario también puede hacerse visible de manera rápida; además, tics, ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, epilepsia, toxicidad, alteraciones metabólicas y enfermedades neurológicas pueden producir presentaciones parcialmente superpuestas. PANS es un diagnóstico clínico de exclusión y no dispone de una prueba confirmatoria (National Institute of Mental Health, 2025).
Hipótesis inmunitaria y estado de la evidencia
PANDAS surgió de la observación de niños con exacerbaciones abruptas de TOC o tics cercanas a infecciones estreptocócicas. Se propuso un mecanismo de mimetismo molecular semejante, en términos generales, al de la corea de Sydenham: anticuerpos generados frente al microorganismo podrían reaccionar con estructuras neuronales y alterar circuitos de los ganglios basales. Estudios de laboratorio, neuroimagen y modelos experimentales aportan señales compatibles con esta hipótesis, pero los hallazgos no son uniformes y todavía no identifican una cadena causal demostrada para cada niño (Vreeland et al., 2023).
Estudios poblacionales han observado asociaciones entre infecciones y diagnósticos posteriores de TOC o tics. Estas asociaciones aumentan la plausibilidad de que la activación inmunitaria contribuya en algunos casos, pero no distinguen con certeza causalidad de confusión, vigilancia médica diferencial o susceptibilidad compartida. Infecciones estreptocócicas y síntomas ansiosos son frecuentes en la infancia; que ocurran en fechas próximas no basta para demostrar PANDAS (Endres et al., 2022).
PANS amplió el fenotipo más allá del estreptococo, pero no debe interpretarse como una lista abierta de infecciones presuntas. Se han publicado casos después de distintos agentes, incluso virus, sin que ello confirme que cada exposición sea un desencadenante específico. Las hipótesis sobre Mycoplasma, enfermedad de Lyme, SARS-CoV-2 u otros microorganismos requieren pruebas dirigidas por signos clínicos y epidemiología; un panel amplio sin indicación aumenta falsos positivos, ansiedad y tratamientos innecesarios.
Evaluación y diagnóstico diferencial
La evaluación comienza reconstruyendo una cronología precisa: estado funcional previo, día o periodo de inicio, naturaleza de las obsesiones y compulsiones, ingesta, sueño, rendimiento escolar, tics, movimientos anormales, fiebre, dolor de garganta, medicamentos, tóxicos y exposición a infecciones. Deben examinarse el estado mental, la hidratación y nutrición, los signos vitales y el sistema neurológico. La urgencia depende de los hallazgos: deshidratación, rechazo alimentario peligroso, catatonía, convulsiones, alteración de conciencia, déficit focal, psicosis grave o riesgo de daño requieren atención especializada inmediata.
El diagnóstico diferencial incluye TOC primario, trastornos de tics, anorexia u otro trastorno alimentario, depresión, trastorno bipolar, psicosis, trastornos del neurodesarrollo, corea de Sydenham, encefalitis autoinmune o infecciosa, epilepsia, enfermedades metabólicas y efectos de sustancias o medicamentos. No todos los niños necesitan punción lumbar, resonancia, electroencefalograma ni estudios inmunológicos: esas pruebas se seleccionan cuando la historia o el examen plantean una hipótesis concreta (American Academy of Pediatrics, 2025).
No existe un biomarcador validado para PANS o PANDAS. Los títulos de antiestreptolisina O y anti-DNasa B no diagnostican una infección faríngea aguda ni establecen que ésta haya causado síntomas neuropsiquiátricos. La AAP tampoco recomienda el Cunningham Panel: sus tasas de positividad en niños sanos producen una especificidad demasiado baja para confirmar el síndrome. Un resultado de laboratorio aislado debe interpretarse en su contexto y nunca reemplaza el diagnóstico diferencial (American Academy of Pediatrics, 2025).
La coincidencia temporal, un anticuerpo positivo o una mejoría después de medicación no constituye una prueba diagnóstica. Usar la respuesta a antibióticos, corticoides o inmunoglobulina para “confirmar” retrospectivamente PANS confunde tratamiento y diagnóstico: los síntomas fluctúan, pueden coexistir otras intervenciones y la mejoría tiene explicaciones alternativas. El diagnóstico debe sostenerse en el patrón clínico completo y en la exclusión razonada de otras causas.
Tratamiento basado en evidencia y seguridad
La intervención con mejor apoyo se dirige a los síntomas y al funcionamiento. Para el TOC se utilizan terapia cognitivo-conductual con exposición y prevención de respuesta, adaptada a la edad y a la capacidad de participación, y medicamentos con evidencia para TOC cuando están indicados. La familia puede necesitar orientación para reducir acomodación, apoyar alimentación y sueño y coordinar la escuela. En una crisis muy intensa puede ser necesario estabilizar primero nutrición, sueño, agitación o riesgo antes de exigir una exposición completa (American Academy of Pediatrics, 2025).
Los antibióticos tratan una infección bacteriana demostrada, no el TOC por sí mismo. Conforme al informe de la AAP, se indica el tratamiento habitual de diez días cuando existe una infección faríngea sintomática por estreptococo del grupo A confirmada mediante una prueba apropiada. La organización no respalda realizar pruebas universales a todo niño con síntomas neuropsiquiátricos, prolongar antibióticos para “desinflamar el cerebro” ni utilizar profilaxis antibiótica rutinaria sin otra indicación reconocida. Esta prudencia protege de efectos adversos, alteración del microbioma y resistencia antimicrobiana (American Academy of Pediatrics, 2025).
Corticoides, antiinflamatorios, inmunoglobulina intravenosa, plasmaféresis y rituximab se han descrito en consensos, series y ensayos pequeños, pero la evidencia es insuficiente para establecer eficacia, selección de pacientes, dosis y balance de daño. De acuerdo con la evaluación de la AAP, estas intervenciones no se recomiendan como tratamiento rutinario de PANS. La inmunoterapia sólo debería considerarse en circunstancias excepcionales, con sospecha fundada de una enfermedad neuroinmunológica reconocida, evaluación multidisciplinaria y capacidad para vigilar efectos adversos; cuando sea posible, dentro de protocolos de investigación (American Academy of Pediatrics, 2025).
Esta recomendación no equivale a abandonar a la familia ni a negar la realidad del deterioro. Significa separar tres preguntas: qué síndrome presenta el niño, qué problema médico demostrable necesita tratamiento y qué intervenciones alivian con un balance favorable de beneficios y riesgos. La gravedad clínica exige más apoyo y coordinación; no reduce el umbral de evidencia necesario para administrar tratamientos potencialmente dañinos.
Pronóstico, comunicación y seguimiento
El curso es variable. Algunas personas mejoran de forma sustancial; otras presentan fluctuaciones, recaídas o finalmente reciben una formulación diagnóstica diferente. No hay evidencia suficiente para prometer que la detección o inmunoterapia tempranas produzcan recuperación completa, ni para afirmar que una demora cause necesariamente cronicidad. El seguimiento debe medir síntomas, ingesta, asistencia escolar, sueño, autonomía, carga familiar y respuesta a cada intervención, con criterios explícitos para mantenerla o suspenderla.
Una comunicación rigurosa reconoce la incertidumbre sin invalidar el sufrimiento: “el comienzo es inusual y merece evaluación”, “PANS describe el patrón, pero todavía debemos investigar la causa” y “trataremos ahora los problemas que sí podemos identificar”. También evita lenguaje determinista como “el sistema inmune está atacando el cerebro” cuando no existe evidencia individual que lo demuestre.
En síntesis, PANS y PANDAS son marcos clínicos para estudiar presentaciones pediátricas abruptas, no atajos para atribuir todo TOC infantil a una infección. Una atención de calidad combina diagnóstico diferencial, tratamiento sintomático probado, búsqueda médica dirigida y revisión crítica de terapias controvertidas. Esta posición permite actuar con rapidez frente al deterioro sin convertir hipótesis todavía abiertas en certezas diagnósticas.
Referencias
- American Academy of Pediatrics (2025). Pediatric Acute-Onset Neuropsychiatric Syndrome (PANS): Clinical Report. https://doi.org/10.1542/peds.2024-070334
- Endres, D., Pollak, T. A., Bechter, K., Denzel, D., Pitsch, K., Nickel, K., Runge, K., Pankratz, B., Klatzmann, D., Tamouza, R., Mallet, L., Leboyer, M., Prüss, H., Voderholzer, U., Cunningham, J. L., Domschke, K., Tebartz van Elst, L., & Schiele, M. A. (2022). Immunological causes of obsessive-compulsive disorder: is it time for the concept of an autoimmune OCD subtype?. Translational Psychiatry, 12, 5. https://doi.org/10.1038/s41398-021-01700-4
- Gerentes, M., Pelissolo, A., Rajagopal, K., Tamouza, R., & Hamdani, N. (2019). Obsessive-Compulsive Disorder: Autoimmunity and Neuroinflammation. Current Psychiatry Reports, 21(8), 78. https://doi.org/10.1007/s11920-019-1062-8
- National Institute of Mental Health (2025). PANS and PANDAS: Questions and Answers. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/pandas
- Vreeland, A., Calaprice, D., Or-Geva, N., Frye, R. E., Agalliu, D., Lachman, H. M., Pittenger, C., Pallanti, S., Williams, K., Ma, M., Thienemann, M., Gagliano, A., Mellins, E., & Frankovich, J. (2023). Postinfectious Inflammation, Autoimmunity, and Obsessive-Compulsive Disorder: Sydenham Chorea, Pediatric Autoimmune Neuropsychiatric Disorder Associated with Streptococcal Infection, and Pediatric Acute-Onset Neuropsychiatric Disorder. Developmental Neuroscience, 45(6), 361-374. https://doi.org/10.1159/000534261
