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Medición

Registros clínicos y diarios de síntomas

La documentación sistemática de síntomas es un pilar en la evaluación y manejo del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Bajo este paraguas se incluyen tanto los registros clínicos —las anotaciones formales realizadas por profesionales en la historia clínica— como los diarios de síntomas o autorregistros llevados fuera de la consulta. Estas herramientas permiten observar el curso de obsesiones y compulsiones y complementan las entrevistas estructuradas y los cuestionarios estandarizados. A continuación se revisan sus funciones, límites y condiciones de implementación.

Importancia de los registros clínicos en la evaluación del TOC

En la atención clínica del TOC, es importante documentar la sintomatología y su evolución. Los registros clínicos incluyen las notas de evaluación inicial (descripción de obsesiones y compulsiones, grado de insight, impacto funcional y diagnósticos diferenciales), las medidas de gravedad —por ejemplo, la Y-BOCS— y las observaciones durante el curso terapéutico. Una historia clínica longitudinal facilita la continuidad de cuidados y la comunicación entre profesionales. La guía CG31 de NICE recomienda explorar activamente indicios de TOC cuando ciertas consultas reiteradas —por ejemplo, problemas dermatológicos asociados con lavado excesivo— sugieren síntomas que la persona no ha declarado de manera espontánea (National Institute for Health and Care Excellence, 2005).

El registro clínico también permite consignar detonantes conocidos, estrategias de afrontamiento previas, comorbilidades y antecedentes relevantes (como historia familiar de TOC u otros trastornos). Esta información contextual en la historia clínica es valiosa para distinguir el TOC de otros cuadros en el diagnóstico diferencial y para personalizar el plan terapéutico. Asimismo, estandarizar en lo posible la forma de documentar los síntomas contribuye a la objetividad: muchos clínicos utilizan formularios o checklists en la historia clínica (por ejemplo, una lista de chequeo de obsesiones/compulsiones frecuentes) para no omitir detalles importantes. Registros estructurados de este tipo ayudan a comparar la presentación de un paciente con hallazgos de la literatura y con futuras re-evaluaciones propias o de otros profesionales.

Por último, los registros clínicos sirven como base para evaluar la respuesta al tratamiento. Anotar de forma periódica la frecuencia o intensidad de los síntomas, el funcionamiento y la realización de tareas terapéuticas ayuda a contrastar la evolución con la línea base. No existe, sin embargo, una cuota universal de entradas ni una duración fija que garantice utilidad clínica: la frecuencia y el contenido deben derivarse de la pregunta que se intenta responder, reducirse si generan carga y modificarse si el registro comienza a operar como una compulsión. Incluso la evidencia temprana sobre evaluación ecológica momentánea en TOC procede de muestras muy pequeñas y apoya su uso como complemento, no como sustituto de una evaluación clínica completa (Tilley & Rees, 2014).

Diarios de síntomas y autorregistros: concepto y objetivos

Los diarios de síntomas, o autorregistros, son herramientas donde el paciente anota sus experiencias relacionadas con el TOC en la vida cotidiana. A diferencia de la evaluación puntual en consulta, los diarios capturan las obsesiones y compulsiones “en vivo” –es decir, en el momento y contexto en que ocurren– y aportan una perspectiva ecológica que debe interpretarse junto con la entrevista y las medidas estandarizadas. En la terapia cognitivo-conductual (TCC), el autorregistro puede introducirse tempranamente para precisar la formulación del caso y preparar tareas terapéuticas, siempre que su formato responda a una pregunta clínica concreta (Clark, 2004).

Un diario de síntomas típico para TOC puede adoptar distintas formas. En forma básica, consiste en un cuaderno o formulario donde la persona escribe cada vez que experimenta una obsesión notable o realiza una compulsión. Se recomienda anotar datos como:

  • La situación o estímulo desencadenante.
  • El contenido del pensamiento intrusivo u obsesión.
  • El nivel de ansiedad o malestar asociado (por ejemplo, en una escala subjetiva de 0 a 10).
  • La compulsión realizada (si la hay) o la estrategia de afrontamiento empleada.
  • El resultado o alivio obtenido.

Herramientas diseñadas para TOC incluyen secciones para todos estos elementos: triggers (disparadores), pensamientos obsesivos, emociones sentidas y comportamiento compulsivo realizado. Esta estructura guía al paciente para que no solo registre qué hizo, sino también qué pensó y qué sintió, proporcionando un panorama rico del episodio.

¿Por qué llevar un diario? Los objetivos principales del autorregistro en TOC son:

  1. Cuantificar y monitorear la frecuencia/duración de los síntomas a lo largo del tiempo.
  2. Identificar patrones o correlaciones (por ejemplo, si ciertas situaciones, lugares, horas del día o estados de ánimo precipitan más obsesiones).
  3. Aumentar la conciencia del paciente sobre su trastorno: muchas personas inicialmente registran sus síntomas casi en piloto automático, y al anotarlos adquieren mayor insight de su ocurrencia.
  4. Proporcionar información al terapeuta que de otro modo dependería de la memoria retrospectiva del paciente en la siguiente sesión.

En resumen, el diario traslada la evaluación del comportamiento obsesivo-compulsivo al entorno natural del individuo, complementando la perspectiva clínica con datos ecológicos.

Cabe destacar que el acto de auto-observación suele tener también un propósito psicoeducativo. Cuando se le explica al paciente la tarea, se le comunica que entender sus síntomas en contexto es el primer paso para aprender a manejarlos. De esta forma, el diario empodera al paciente: deja de ser un sujeto pasivo de evaluaciones y se convierte en un colaborador activo que recopila datos sobre su propia salud mental. La literatura de TCC enfatiza esta alianza; por ejemplo, se sugiere practicar durante la sesión cómo llenar el diario, aclarar qué anotar y por qué, y luego revisarlo conjuntamente en consultas posteriores. Esta metodología en etapas –introducir, identificar qué registrar, practicar, revisar y ajustar– optimiza la calidad de los autorregistros y el aprovechamiento clínico de los mismos.

Beneficios y funciones de los diarios de síntomas

El uso de diarios de síntomas en TOC conlleva múltiples beneficios terapéuticos y evaluativos, respaldados por investigaciones y la práctica clínica. A continuación se resumen las ventajas principales de los autorregistros para TOC:

  • Monitoreo continuo y económico: Ofrecen un seguimiento diario (o incluso más frecuente) de la sintomatología fuera del consultorio, funcionando como una medida continua y de bajo coste de los problemas objetivo a lo largo del tratamiento. Esto contrasta con evaluaciones puntuales que podrían pasar por alto fluctuaciones importantes entre sesiones.

  • Identificación de patrones y detonantes: La recopilación regular de eventos puede revelar asociaciones entre contextos, obsesiones, compulsiones y estrategias de afrontamiento que no emergen con igual detalle en un recuerdo global. En un estudio clínico exploratorio con tres adultos, la evaluación momentánea identificó algunos tipos de síntomas no recogidos por la Y-BOCS, aunque registró menos síntomas en total y su muestra no permite estimar eficacia clínica (Tilley & Rees, 2014).

  • Mayor insight y participación activa: El ejercicio de anotar obsesiones y rituales incrementa la conciencia del paciente sobre su trastorno. Estudios señalan que el autorregistro “promueve la consciencia de los factores que contribuyen a los síntomas” y “fomenta la participación activa en la terapia”. En otras palabras, el diario convierte al paciente en un observador de sí mismo, facilitando que reconozca la relación entre pensamiento, emoción y conducta, y se sienta más comprometido con el proceso de cambio.

  • Datos detallados para la planificación del tratamiento: En terapia de exposición con prevención de respuesta (EPR), un registro acotado de situaciones, malestar, compulsiones y evitación puede aportar información para construir y revisar la jerarquía de exposición. El autorregistro es una técnica clínica útil para formular tareas de exposición y experimentos conductuales, pero la selección final requiere análisis funcional y decisión conjunta, no una clasificación automática basada sólo en puntuaciones del diario (Tolin, 2009).

  • Colaboración terapéutica y formulación de hipótesis: Los autorregistros fortalecen la colaboración paciente-terapeuta. Al revisar conjuntamente las entradas del diario, ambos pueden explorar hipótesis sobre el mantenimiento del TOC (por ejemplo, “veo que cuando intentas suprimir el pensamiento X, luego viene con más fuerza – esto sugiere que la supresión está reforzando la obsesión”). La autoobservación crea oportunidades para formulación y prueba de hipótesis clínicas durante el tratamiento, convirtiendo cada semana de registros en un pequeño experimento sobre qué empeora o mejora los síntomas.

  • Validez ecológica y menor sesgo de memoria: A diferencia de las evaluaciones retrospectivas en clínica –que dependen de lo que el paciente recuerde y decida contar–, los diarios recogen la experiencia en el momento y en el entorno real del paciente. Esto incrementa la validez ecológica de la evaluación de síntomas. Métodos de evaluación momentánea como EMA (Ecological Momentary Assessment) se basan precisamente en recopilación de datos en tiempo real para reducir distorsiones de memoria y contexto. De hecho, la evaluación en tiempo real minimiza el sesgo de recuerdo: el paciente no tiene que reconstruir días después cuántas veces se lavó las manos, sino que lo anotó cuando ocurrió, con mayor fidelidad.

El propio acto de registrar puede modificar la conducta observada; esta reactividad al automonitoreo puede ser útil, neutra o contraproducente según la persona y la consigna. Los manuales de EPR incorporan registros para describir rituales y revisar el trabajo entre sesiones, no como un tratamiento autónomo ni como garantía de reducción espontánea de síntomas (Foa et al., 2012). Por ello conviene observar si el diario mejora la comprensión funcional o, por el contrario, aumenta la vigilancia, la búsqueda de certeza o el perfeccionismo.

Por último, los diarios pueden facilitar expresar por escrito ciertos contenidos obsesivos que al paciente le resultan muy vergonzantes o angustiantes de mencionar cara a cara. Muchos individuos con obsesiones de tipo sexual, violento o moral sienten miedo al “qué pensará el terapeuta” si las confiesan; esto a veces lleva al ocultamiento o minimización en la entrevista clínica. Un diario privado le brinda la oportunidad de volcar esas obsesiones con menor censura, especialmente si el terapeuta asegura confidencialidad y aborda las anotaciones sin juicio. De este modo, los autorregistros pueden destapar información valiosa que complementa la entrevista diagnóstica, reduciendo el riesgo de subregistro de síntomas clave. En suma, combinados con un adecuado clima de confianza, los diarios promueven una comunicación más completa de la experiencia obsesivo-compulsiva.

Integración de los registros y diarios en la práctica clínica

Para aprovechar al máximo estas herramientas, es importante integrarlas de forma coherente dentro del proceso clínico. En la evaluación inicial, el diario puede complementar las entrevistas estructuradas y los cuestionarios autoinformados. Su introducción no obedece a una sesión fija: depende de la capacidad de observación, el riesgo de ritualización y la pregunta clínica que se intenta responder. Una consigna posible es:

“Anota durante la semana cada obsesión o compulsión notable utilizando esta tabla, y tráela la próxima vez”.

De esta manera puede construirse una línea base observacional de la frecuencia e intensidad de síntomas en contextos naturales. No es una medida enteramente objetiva: depende de qué episodios reconoce y registra la persona, de la adherencia y del momento de anotación. Un estudio de caso español ilustra cómo los autorregistros pueden integrarse en una formulación cognitivo-conductual, pero su diseño de caso único no permite convertir el procedimiento descrito en una pauta universal (Leal-Carcedo & Cano-Vindel, 2008). La evaluación inicial debe conservar una visión amplia de síntomas, deterioro, comorbilidad y diagnóstico diferencial (Abramowitz et al., 2009).

Durante la fase de tratamiento, los diarios de síntomas se utilizan activamente para guiar las intervenciones. En la terapia de EPR, por ejemplo, el terapeuta revisa cada semana las situaciones anotadas que más ansiedad generaron y qué compulsiones siguieron, para decidir en conjunto qué exposición realizar. Los registros ayudan a priorizar objetivos semana a semana; por ejemplo, si el diario muestra que el paciente evitó tocar dinero toda la semana por miedo a contaminarse, se planifica una exposición específica con manejo de dinero. Asimismo, los diarios documentan los intentos de afrontamiento exitosos: si el paciente logró resistir una compulsión y anotó que la ansiedad bajó de 9/10 a 4/10 sin realizar el ritual, ese logro queda registrado y puede reforzarse en sesión.

“Notaste que la angustia sí disminuyó aunque no comprobaras; eso confirma lo que buscábamos”.

Es importante que el clínico revise conjuntamente los diarios con el paciente en cada sesión. Esta revisión cumple varias funciones: refuerza positivamente el hecho de que el paciente haya completado la tarea (adherencia), analiza el contenido para extraer lecciones terapéuticas, y permite clarificar cualquier registro confuso o incompleto. Durante la revisión se pueden descubrir detalles significativos. Por ejemplo, un paciente puede haber anotado:

“Pensamiento: ‘puedo apuñalar a mi esposa’ – Compulsión: escondí los cuchillos – Ansiedad 8/10”.

Al explorar esto en sesión, el terapeuta puede abordar la interpretación catastrófica que el paciente hace de ese pensamiento (creencia de peligro) y trabajar la reestructuración cognitiva, además de planificar una exposición (p. ej., colocar los cuchillos a la vista). Así, el diario actúa como un puente entre sesiones, trayendo el mundo real del paciente al consultorio en forma de datos concretos.

Toda la información de los diarios debe incorporarse al registro clínico formal. Habitualmente, el terapeuta resumirá en las notas de cada sesión los principales hallazgos del diario de esa semana:

“ej. 3 episodios de lavado ritual reportados, duración ~20 min cada uno, desencadenados por sentir suciedad al tocar pomos de puerta; paciente puntuó ansiedad promedio 7/10, luego bajó a 3/10 tras ritual; intentó técnica de respiración 1 vez con éxito moderado”.

De esta manera, la historia clínica refleja la evolución sesión a sesión apoyada en los datos del autorregistro. Esta integración es esencial para que otros profesionales que accedan al expediente (psiquiatra, otro terapeuta, etc.) entiendan el curso del TOC y las estrategias en marcha.

En contextos especializados –por ejemplo, programas intensivos o hospitalización parcial por TOC–, los registros pueden ser más estructurados. El Repeated Actions Diary (RAD) se diseñó para describir las compulsiones antes, durante y después de realizarlas. En un estudio de diario, personas con TOC completaron el RAD tres veces al día durante tres días, aportando datos sobre duración, repeticiones, evaluaciones cognitivas y criterios subjetivos para detener el ritual (Bucarelli & Purdon, 2015). El protocolo ilustra el valor de medir procesos cercanos al momento en que ocurren, pero su intensidad y duración pertenecen a ese diseño de investigación y no constituyen una pauta universal para la práctica.

De la práctica clínica cotidiana a la investigación formal, los diarios pueden ayudar a medir resultados. Una reducción de comprobaciones registradas puede complementar una escala global, siempre que también se evalúen malestar, evitación y funcionamiento para no confundir supresión aparente con mejoría. En el seguimiento, un registro breve de señales tempranas puede integrarse a un plan de prevención de recaídas; la frecuencia debe acordarse de modo que no fomente hipervigilancia ni comprobación.

Limitaciones y consideraciones prácticas de los autorregistros

Si bien los diarios de síntomas ofrecen muchas ventajas, su uso efectivo requiere tener en cuenta ciertas limitaciones y desafíos:

  • Adherencia y carga para el paciente: Mantener un diario exige disciplina. No todos los pacientes llevan el registro con consistencia; puede haber olvidos o fatiga conforme pasan las semanas. Es común que inicialmente se llenen con detalle y luego la frecuencia decaiga. El terapeuta debe trabajar en motivar la adherencia, explicando la utilidad del ejercicio y adaptando el formato si es demasiado engorroso (por ejemplo, simplificar columnas, permitir registros breves). También se sugiere revisar si existen barreras prácticas –como falta de tiempo, miedo a que alguien en casa lea el diario, etc.– para resolverlas en lo posible.

  • Precisión de los datos y retrasos en el registro: Idealmente, el paciente debería anotar cada episodio inmediatamente o el mismo día, pero en la realidad muchos completan el diario horas o días después, de memoria. Esto reintroduce cierto sesgo de recuerdo e inexactitud en la información (p. ej., podrían olvidarse de algún episodio corto, o no recordar bien la intensidad emocional). Un estudio que empleó diarios RAD encontró que varias entradas fueron realizadas horas después del episodio compulsivo, lo que ilustra este problema de retraso (Bucarelli & Purdon, 2015). Para mitigarlo, puede acordarse un formato portátil y un periodo de registro suficientemente breve, sin convertir la anotación en una nueva fuente de comprobación.

  • Posible efecto en la propia dinámica del TOC: Mencionamos que la autoobservación puede ayudar a reducir síntomas, pero también puede en ciertos casos interaccionar con ellos de formas indeseadas. Por ejemplo, un paciente obsesivo con detalles podría obsesionarse con llenar el diario perfectamente, borronear y reescribir varias veces hasta que “quede bien”, convirtiendo el registro en otro ritual. O alguien con temor a “dejar evidencia” de pensamientos prohibidos podría experimentar ansiedad al anotar ciertas obsesiones, temiendo que el papel o archivo sea visto por otros. Estas reacciones deben ser monitoreadas; el terapeuta puede ajustar la estrategia si el diario en sí mismo se vuelve contraproducente (por ejemplo, pasando a un formato menos detallado, o trabajando primero la ansiedad a la escritura).

  • Resistencia o negación del problema: En fases iniciales, algunos pacientes minimizan sus síntomas y podrían rellenar el diario con escasa información o negándose a reconocer ciertos pensamientos. Si un diario vuelve con muy pocas entradas pero la clínica sugiere que sí hubo muchas obsesiones, esto indica insight limitado o evitación. El profesional entonces debe explorar la razón: ¿El paciente temió escribirlas? ¿No las quiso enfrentar? ¿O realmente no reconoce ciertos pensamientos como obsesivos? A veces es útil reformular la tarea de forma más aceptable (p. ej., “registre también sus preocupaciones diarias” en vez de “obsesiones”, si el término obsesión genera resistencia inicial).

  • Confidencialidad y privacidad: Es crucial garantizar al paciente que lo escrito en el diario será manejado con confidencialidad clínica. Muchos pacientes expresan miedo a que “alguien más encuentre el cuaderno”. Una solución es recomendar guardarlo bajo llave, o usar medios electrónicos protegidos (apps con contraseña). En terapia de niños o adolescentes, se debe acordar con ellos y sus padres quién tendrá acceso al diario para respetar su privacidad y a la vez mantener seguridad apropiada según la edad.

  • Complementariedad con otros métodos: Los autorregistros no sustituyen a otras herramientas diagnósticas sino que las complementan. Por ejemplo, un diario proporciona contexto día a día, pero para cuantificar severidad global se sigue necesitando una escala estandarizada (Y-BOCS u otra). De igual modo, los datos de un diario deben interpretarse con criterio clínico: si un paciente anotó “0 compulsiones” una semana, puede ser un éxito real o quizá un caso de no reconocer conductas evitativas como compulsivas. Por eso, la supervisión profesional es indispensable al usar esta herramienta – de lo contrario, los datos podrían malinterpretarse.

  • Diarios en poblaciones especiales: En niños muy pequeños o personas con capacidad limitada para llevar un registro escrito (p. ej., algunos pacientes con discapacidad intelectual), los diarios tradicionales pueden no ser viables. En tales casos se pueden emplear registros observacionales llevados por terceros entrenados (padres, cuidadores, personal de enfermería). Por ejemplo, padres de un niño con TOC pueden anotar ellos las incidencias de rituales que observan en casa. Si bien no es autoregistro, estas anotaciones siguen el mismo principio de recopilar información sistemática en el ambiente natural. La desventaja es que puede perderse la perspectiva subjetiva (qué pensó o sintió el paciente), pero aporta un insumo valioso cuando el paciente no puede autorreportar con fiabilidad.

En resumen, para maximizar los beneficios de los diarios de síntomas es necesario abordar proactivamente estas consideraciones. Esto implica personalizar el enfoque (no todos los pacientes necesitarán el mismo formato de registro), ofrecer coaching continuo en cómo registrar, y mantener una actitud flexible y de apoyo. Si el paciente siente que el diario es una carga inútil, conviene replantear su uso en vez de forzarlo, buscando alternativas (por ejemplo, registros verbales en notas de voz, o reducir la frecuencia de anotación). La creatividad del clínico puede marcar la diferencia entre un autorregistro provechoso y uno abandonado.

Innovaciones: diarios electrónicos y evaluación momentánea en TOC

Los registros de síntomas pueden implementarse en teléfonos y dispositivos vestibles, con marcas de tiempo, avisos y transferencia remota de datos. Una revisión de alcance identificó aplicaciones de estas tecnologías en evaluación y tratamiento del TOC, pero también una base empírica heterogénea y todavía insuficiente para asumir que cualquier dispositivo mejora la adherencia o los resultados clínicos (Frank et al., 2023). Un ensayo aleatorizado de la aplicación Intellect informó mejoría de síntomas obsesivo-compulsivos subclínicos en estudiantes universitarios; sus resultados son preliminares porque proceden de una sola universidad, una muestra mayoritariamente femenina, medidas autoinformadas y un seguimiento de cuatro semanas, por lo que no demuestran eficacia en pacientes con diagnóstico de TOC ni equivalencia con tratamiento clínico (Lee et al., 2024).

Un campo asociado es la Evaluación Ecológica Momentánea (EMA). Mediante avisos en un teléfono, la EMA pregunta por pensamientos intrusivos, afecto, contexto o compulsiones cerca del momento en que ocurren y reduce la distancia temporal propia del recuerdo retrospectivo. Una revisión sistemática de sus métodos en TOC encontró diseños y medidas heterogéneos: la técnica permite estudiar variación intradía y relaciones con el contexto, pero todavía requiere protocolos mejor armonizados y validación clínica (Braga et al., 2025). Estos datos pueden dialogar con la evaluación de sueño y ritmos circadianos, sin asumir que un patrón temporal observado determina por sí solo cuándo tratar.

Otra innovación es combinar diarios de síntomas con sensores fisiológicos. Un diario de sueño puede cotejarse con actigrafía para examinar si la experiencia subjetiva coincide con patrones de actividad y descanso. Esta triangulación no convierte al sensor en una prueba diagnóstica de TOC: movimiento, sueño percibido y obsesiones miden fenómenos distintos y pueden divergir. La interpretación conjunta se desarrolla en trastornos del sueño, ritmos circadianos y TOC.

Desde una perspectiva de investigación, también se estudian escalas abreviadas para mediciones repetidas y diarios especializados como el RAD, que permite examinar fenómenos concretos de repetición y finalización de compulsiones en el entorno cotidiano (Bucarelli & Purdon, 2015). Una medida breve no debe asumirse equivalente a su versión clínica completa: antes de usarla para decisiones individuales hay que demostrar fiabilidad, validez y sensibilidad al cambio en el intervalo propuesto. El objetivo es añadir una secuencia temporal a la evaluación de consulta, no reemplazarla por monitoreo continuo.

En conclusión, los registros clínicos y diarios de síntomas son herramientas complementarias, no pruebas diagnósticas ni tratamientos autosuficientes. Documentar de forma sistemática lo que ocurre —en notas clínicas, papel o medios digitales— puede añadir resolución temporal y contextual a la evaluación. Su valor depende de la calidad del dato, la privacidad, la carga para la persona y una interpretación profesional que lo contraste con entrevistas, escalas y funcionamiento. La tecnología cambia el medio de registro, pero no elimina estas condiciones metodológicas ni éticas.

Referencias

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  6. Frank, A. C., Li, R., Peterson, B. S., & Narayanan, S. S. (2023). Wearable and Mobile Technologies for the Evaluation and Treatment of Obsessive-Compulsive Disorder: Scoping Review. JMIR Mental Health, 10, e45572. https://doi.org/10.2196/45572
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  8. Lee, M. L. Y., Lee, S. S. M., & Sündermann, O. (2024). Efficacy of the mHealth App Intellect in Improving Subclinical Obsessive-Compulsive Disorder in University Students: Randomized Controlled Trial With a 4-Week Follow-Up. JMIR mHealth and uHealth, 12, e63316. https://doi.org/10.2196/63316
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